El bus que me dejó iba detrás de una Coaster abollada y dos mototaxis psicodélicos que corrían descarrilados por las ultimas cuadras de Canevaro, perdiéndose hasta donde la miopía dejaba ver. Había sumado a mi récord como pasajero cuatro horas completas de viaje y no daba para más, era necesario caminar Quince minutos cuando menos. Bajé varios paraderos mas adelante, tenia las piernas dormidas. Estaba rodeado por varias torres de alta tensión bajo un desierto de escombros y otros desechos, donde a menudo veías salir y entrar algún desgraciado. Regresaba de ninguna parte y solo tenia en mente la vaga e insignificante idea de lo siguiente que haría ni bien llegara, botines fuera y Abbey Road hasta dormir. Ya rondaba el año si no es que más desde que regresé al San Juan de mi viejo, con unas cuantas razones y ningún plan en mente. Es un hecho, la vida era como era, yo soy como soy y el sol siempre se asoma, estaba aburrido de estar aburrido, agradecido y harto del silencio, me he considerado emperador de sus vienes, nadie me conoce mas de lo que yo sé de mí. Quería salir en sentido metafórico y literal del encierro, crear amaneceres con la luz que vibra en mi mirada. Aunque normalmente he tenido profundo pesimismo hacia la vida, he visto y entiendo que también hay cura para los males quitando la vista de la profunda melancolía y mirando desde la indiferencia a las preguntas punzantes, apetece escribir sobre el lado alegre y colorido de mis días, refrescando inevitablemente el rostro duro de mi prosa, sin dejar de ser la nube gris que moja su propia sonrisa.
Desde el bus se pudo predecir el desprecio total del clima hacia ese día. Resultaba insípido el ambiente, apenas llevadero, causal innegable de narrativas volátiles y otros rollos sin salidas. Entonces, y lleno de razones, puse en movimiento el Grinder para traer a mis pies el coloso Sol de Apolo.
que dancen las constelaciones y auroras,
que silbe el viento una balada
color para la noche hiel,
ojala adornara la Luna mis horas,
o se encendieran las perlas del cielo
píntenle expresión a su piel
¿dónde la luna y su numen?
hubo algún solsticio alguna vez ?
que resalte Virgo sus estrellas dadas para bien
sobre la noche de semblante vulgar
por donde rocía mi perfume su falso jerez, recité ese deseo y ya no estaba sorprendido que mis pensamientos canten poemas.
Ese viernes por la noche, debía estar con trapos ligeros sofocado de calor y no con la caguya comiéndose mi rostro. Las flores dormían, el bálsamo del aire apestaba, hubiera preferido escribir esto sobre un fondo distinto, por lo menos triste y no vacío, caras largas y no ausencia, pero era un día de aquellos, feo y patán. Al llegar a mi barriada percibí la calle muerta, callada de peatones y autos, excepto maullidos belicosos que llegaban de todas partes, pero entre todos esos lloriqueos, un sollozo tierno sobresalió, y se percibía más cerca que los otros llantos. Y lloraba, y algo zigzagueaba entre el arbusto, y lloraba digno símbolo de la elegancia, no estaban errados los Egipcios, son pequeñas deidades exigiendo atención para sus caprichos. Un ramo de recuerdos me encontró con la guardia por los suelos cuando se dejó ver , recordé así, colores y rostros de los que ya se fueron, no he podido solo ignorarlo y seguir mi camino, menos cuando se cruza entre mis pies maullandome caricias y algo de alimento. En su pelaje desordenado encontré historias de los que le antecedieron, escuché el grito ahogado de las despedidas que no se dieron. Ojalá y mi corazón fuera una piedra para eludir este tipo de compromisos que involucran alma !!, lo dije en tono tristón. Frente a mí estaba la inocencia desamparada y cedí irremediablemente. Me he sentado al filo de la vereda de casa y el pequeño ha brincado a mi regazo sintiéndose objeto de absoluta adoración, creció una gran responsabilidad que abrasé conscientemente. Admiraba la grandeza de un gato en cada movimiento o quietud, de esa forma que se entienden las cosas especiales, sintiendo y sin palabras, comprendía en ese trance, la felicidad que produce la acción natural de un ser.
En esa noche desvaída, magnificaba a otra especie con una emoción ajena a la que conozco, deslumbrado por la franqueza, por las segundas intenciones que le falta y por no ser como mi raza. En el trayecto de ninguna parte a mi casa, y en un análisis de meses anteriores se inclinaban mis ojos hacia los pies de lo que considero vida mas allá de mi propia comprensión, que se parece a mi corazón cuando infante. Esa noche posé un beso de reconciliación sobre su mano, atendiéndome al instante con lucio como vocero de su bella complejidad y emblema de un pacto. Es una estrella en la mañana que canta y se revela contra los limites marcados. Entramos, vino en mi vaso , lucio descubriendo los rincones del cuarto, y en un play aleatorio me regaló el azar, Here Comes The Sun. Sentado frente al monitor y removido por el momento, escribía las maravillas vista por los que viven para observar y absorber lo natural.
Giancarlo
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