Carretera arriba hacia la selva central. A cierta distancia rosa lo mágico las luces para los miopes. Veía de tal modo, explosiones lumínicas, chispazos de los faros automovilísticos en un vaivén entretenido que pasó de belleza a rutina, eran las únicas allá afuera entre tanta flora y silencio. El velocímetro del bus marcaba Ciento cincuenta kilómetros por hora y por ratos Doscientos. El cielo manchado, letreros publicitarios apenas visibles, nubes que iban a ningún lado. Yo iba renegado, rechazando hasta mi propia presencia, la noche sinónimo de incertidumbre perdida en su misterio, todo simple tornandoce aburrido. La ansiedad por pisar tierra y respirar aire vivo corrompía el entusiasmo del viaje, la tolerancia a estar encerrado terminó muchas horas atrás y me hartaba todo lo que el bus traía adentro. Partí de San juan, distrito al sur de Lima, rumbo a la selva en un viaje casual con mi tío y su hijo a quien llamaré L, mi nombre no tiene importancia así que lo obviaré con total frialdad. Antes que L se prive en sueño planeamos lo que haríamos al llegar, visitar bares clásicos, algún alimento extraño, romances con nativas y sobre todo las tan bien marketeadas, cascadas Satipeñas. Condené mas de una vez la ansiedad y lo que ésta traía consigo. Aunque he viajado mucho por el país nunca aprendí a tolerar mas de Diez horas de encierro. Aquel viaje era menester para hallar algo de calma a sabiendas que esa idea era pura mierda, nunca debí abandonar la meditación, no debí, pero el resultado de mudarse a una casa de muchas personas te priva de ciertos lujos. Esta vez no pretendo ficcionar ese evento, dejaré las mañas del escritor que recoge de lo real y lo ilusorio y seré severamente veraz. No quiero extender tanto el relato que hubiera deseado no protagonizar.
Apenas escuchaba el ruido del exterior, mis oídos tapados terminaron de abrumarme poniéndome cerca del desquicio. Caí en el plan de limpiar la humedad del vidrio cada que se empañaba, ver las siluetas de los arboles siempre era mejor que ver nada. Panorama sombrío y yo podrido.
No lucho con el mismo miedo que otros tratan de vencer, sentir las mordidas de tus propios pensamientos es una batalla perpetua, una horda hambrienta, por eso mis miedos escarban mas profundo, mi contienda esta lejos de fuerzas oscuras metafísicas o cuentos parecidos, pese a que lo absoluto es una broma, tenia clara esa perspectiva con mas sentido que las otras tantas, acaso preso de la necedad, nadie podía convencerme de lo contrario, hasta esa madrugada memorable en mi vida que hoy por hoy trato de olvidar. A un extremo de la carretera algo se ergia como hombre y se movía como fiera a la velocidad del bus, desmereció mis miedos mas intensos y sembró en mi cabeza un terror que solo la muerte podía auxiliar, o tal vez no. El desdoblamiento de lo que parecían huesos y la forma indescriptible de correr me atrapó en un espasmo, en una agonía que nunca imaginé. Cuando pude ver mejor, noté que le envolvía una sustancia espesa que contraía el cuerpo expresando formas antropomorfas y al mismo tiempo siluetas sin sentido, me sentí atrapado en el grito abrumador que pega la muerte violenta de cualquier bestia. La ventana no se volvió a apocar, tenia la opción de creer que soñaba y esta era una de tantas parálisis del sueño ya dominadas por mi voluntad, o solo pretensiones de la mente que todo quiere justificar por medio de la lógica. Un ataque de psicosis manifestandoce a gran escala alterando mis pensamientos y la realidad, no se. Con la conciencia bien puesta aseguro que estaba totalmente despierto, juro que no dormía, juro por el alba y los ocasos que tan bien le hacen a mi vida. No era una visión de mi esquizofrenia pues esto no tenia precedente. ¡Altísimo! imploré en mi desesperación, habiéndose roto mi verdad clamé ayuda a los pies de la incoherencia. Fui blanco de su presencia e imploraba no serlo mas, sentí todo el tiempo su atención en mí, aunque nunca le vi ojos. ¡¿es que nadie puede verlo!? creí gritar, pero fueron pensamientos. No pude codear a L, el cuerpo no respondía. ¡quita tu atención de mí, aberración, nunca te he llamado! mis parpados permanecían abiertos a voluntad del espectro no a la mía. Recordé a las potestades que la biblia menciona, los seres arrojados al hondo de la tierra, impecables falacias que aunque no se asemejaban, hacían sentido esa noche, los demonios que mi padre describe, seres que le atormentan en sus pesadillas, los que por petición de su Rey, maldicen corazones nobles. Pero no terminaba de encajar, lo comparé con todo lo que conocía, con leyendas locales, mitologías, testimonios de amigos y hasta con mis propias pesadillas. Como traer en palabras su naturaleza cuando lo mas seguro es que no se rijen a las leyes conocidas por el hombre. No se acerca en lo mas mínimo mi descripción a lo que verdaderamente he visto. No se cuanto tiempo pasó, o no hubo tiempo que pasara, así como no hubo mas vaivén de luces. ¿Cual fue el sentido de esa aparición? puede que solo quiso observar como quien observa un animal exótico, es probable que solo fui parte de una casualidad, solo estuve ahí, sin mas. En un momento inesperado y bendito, lo vi desvanecerse como niebla, sumándole mas horror a mis pensamientos, pensándose así mismo.
El cielo esclarecía y ya notaba algunas casas en el camino. Me invadió un sueño profundo, deduciendo que seria la ultima vez que dormiría, y se cerraron mis ojos, al unisono el vidrio se volvía a empañar. Me sacudieron las manos de mi camarada, despertándome después del alba y bajamos del bus para cumplir con el paseo.
Honestamente no se que ha pasado, si era real o sencillamente dormía, si era el delirio de un estrés endemoniado, la proyección de mi maldad o la ansiedad de mi encierro que me hizo alucinar gravemente, estoy enloqueciendo, no duermo mas de dos horas al día, hay gritos en mi cabeza, lo siento vivo y consciente. No tengo vida, me ha enfermado el espíritu, quiero morirme, por piedad, quiero morirme.
Giancarlo
Honestamente no se que ha pasado, si era real o sencillamente dormía, si era el delirio de un estrés endemoniado, la proyección de mi maldad o la ansiedad de mi encierro que me hizo alucinar gravemente, estoy enloqueciendo, no duermo mas de dos horas al día, hay gritos en mi cabeza, lo siento vivo y consciente. No tengo vida, me ha enfermado el espíritu, quiero morirme, por piedad, quiero morirme.
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