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CARTA A LUCIO

Hoy es Diez de septiembre del popular veinte veinte, año bastante peculiar. A pasado algo más de un año desde que volví a mí barrio, a orillas del Nuevo Proyecto Piloto Pachacútec, una ciudadela todavía joven, dada a sus habitantes en el gobierno fujimorista a inicios del Dos mil. Las puestas de sol dan lugar a horizontes abstractos y coloridos que inspiran escribir y fotografiar. Cada que la racha deportiva me es fiel, doy paseos de trote sobre los relieves de la costa y termino bajando al océano para quitarme el cansancio.

En invierno todo es un misterio,

donde adornaba antes un sunset,

llora un hueco gris,

la niebla le cambia el rostro.

Sali a las Ocho de la mañana después de autoanimarme desde las siete para salir a la playa a correr, ayer me dormí queriendo saber de Lucio, recibí un vídeo de él antes de acostarme, ese deseo coincidió con lo que estuve pensando el día anterior, los varios meses que han pasado sin escribir algo estructurado, no más que notas en Google keep, apuntes, ideas, las infaltables quejas y más ideas. Así fue como di pie a este texto, regresando a mi casa, trotando la carretera playa, dejando atrás Bahía Blanca, mi pedazo de mar. Faltaban tres días para mi cumpleaños, terminaría esa carta el mismo día me propuse. No sé si fue la dopamina del ejercicio pero en cada paso y de manera extraña me gustaban las palabras que sin yo buscarlas venían a mí para escribir sobre él. 

Cuando dejé San Juanito también dejé algo preciado que le quité a la calle en alguna fecha que quisiera recordar pero me cuesta, Lucio. Mis visitas luego de volver a casa fueron lejanas, siempre lo encontraba cambiado, con mañas nuevas y de actuar mas maduro. Pensé en traerlo conmigo aquí al Callao, pero la cuota a pagar por una estadía sin zarpazos sería precisamente recibirlos por un indeterminado y doloroso periodo, aqui habían tres gatos adultos feroces y amargados. Podría haberlo encerrarlo en mi cuarto y mantenerlo ileso, pero tarde o temprano tendría que iniciar el proceso de adaptación, no le bastaría cuatro paredes, conozco a esa criatura y se que es tan frágil como andariego.

Fue mejor quedarse donde lo diosifican cada cuánto, ahí lo engríen y lo alimentan, sobre todo lo necesitan. El tiempo que viví con él lo sentí mi hijo, una extensión mía personalizada por mi energía, eso entendía hasta que vi más allá. Que poco inteligente he sido me dije, ya no quise estimarlo por parecerse a mi solamente, busqué su singularidad respetando su naturaleza y quise verlo como otro ser vivo del vecindario al cuál le simpaticé y optó por quedarse. Lucio me agradó desde que lo oí antes de verlo, el representa en mi espacio la transición a la mañana y mil bofetadas existenciales sobre la cuestión hombre-bestia.

                                                                                                           

Septiembre 13 del 2020

Callao, ventanilla

Querido amigo:

Soy consciente que no hace falta la cercanía para seguir muy normal en la cotidianidad. En las últimas visitas que hice recalcabas tu independencia, la frialdad de poder  estar solo y augusto cuando así se desea o se debe. Mientras te dabas tu lugar también te agradaba mi compañía, a intervalos pero así era,  hubieron tiempos donde tenía toda tu atención y hasta la evitaba, lindos tiempos que no volverán y no me pesa. Por la cuarta o quinta visita aproximadamente ya viviendo en ventanilla, regresé a tu casa  a verte y tú solo me mirabas desde el techo muy tranquilo, como dándote tu tiempo para saludarme, indiferente o vacío de una inquietud que solo los perros poseen al ver a su "dueño". Inquietud que juraría verte visto en mis primeras visitas, hasta meneabas un poco el rabo, luego vinieron los periodos más largos entre una y otra visita, todo cambió después. 

Vives ahí y no conmigo porque me atrevo a afirmar que te conozco profundamente y desde mis ojos siento que así lo quieres, es lo que te conviene, porque te sabes libre y ahí empezó  tu historia, quien te olvidó ese invierno y quienes te acogieron desde el principio. 

Empecé a escribir esto en mi cabeza mientras entrenaba más que mi cuerpo, mí constancia para lograr por primera vez 10k, muy temprano, ya son más de las tres de la mañana, estoy como en trance, el sueño es urgente pero no puedo parar, no quiero. Por estas horas debes estar en lo alto sobre la viga de la fachada donde tu figura y el cielo negro componen y retratan la cara del enigma, atento a las jugadas nocturnas de tu sociedad o simplemente ido hacia la concentración más profunda que solo tu especie mística y hermosa pueden sostener. 

En estos últimos dos meses estoy aterrizando algunas ideas que quiero llevar acabo, también tratando de concretar algunos pensamientos que desestabilizan mis emociones, quiero romper un poco este corazón bohemio que me a sido dado, tratando de mantener una disciplina para no morir tan joven, voy haciendo muchas cosas por mí en estos días. No siempre quiero salir, sabemos que estoy poseído por la flojera de un gato, hay 3 horas carretera limpia y de 4 a más en congestión rumbo a San juan, por eso cada que voy te conozco menos, tienes, en cada visita un nuevo comportamiento y lo entiendo, hay un amplio abanico de influencias ahí, estás madurando y pronto seras un completo adulto. Cuando vaya te contaré todo personalmente, fingiré que entiendes y tú también fingirás, al final todo se traducirá en atención mutua. Si no puedo ir espero que alguien te haga saber que siempre pienso en ti, tienes una familia, te quieren y respetan.  Llenate con la carga de mi texto, ojalá que cualquier alma sensible pueda interpretar mi mensaje y que tú sepas responder deslizándote entre las pantorrillas de quien transmita mi cariño.


Giancarlo.

lucio sobre la viga


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